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Club Serra

Orar y Laborar por las Vocaciones

La vida es como un llamado continuo, una serie de vocaciones sucesivas que Dios hace al hombre. En cada ocasión en que Dios nos llama, lo hace para pedirnos algo, para enviarnos con una misión, con un encargo.

Mucho antes de que nacieras, incluso, antes de que tus padres se conocieran, Dios ya había pensado en ti como la persona única e irrepetible que eres.

El profeta Jeremías narra al comienzo de su libro las palabras con las que Dios le llamó: « Antes de formarte en el seno de tu madre, ya te conocía; antes de que tú nacieras, yo te consagré, y te destiné a ser profeta de las naciones. »

Jeremías exclama: « ¡Ay! Señor, Yavé, ¡Cómo podría hablar yo, que soy un muchacho!. »

Y contesta Yavé: « No me digas que eres un muchacho. Irás a dondequiera que te envíe, y proclamarás todo lo que yo te mande. No tengas miedo, porque estaré contigo para protegerte. »

Por supuesto que no siempre nos llama Dios tan claramente -como lo hizo con Jeremías- para encargarnos una misión de tal magnitud ni con tan exacta especificación.

Pero, de una forma o de otra, la vocación es la voz de Dios que llama al hombre y a la mujer:

  • A la existencia: a realizarse como seres humanos, utilizando su inteligencia y voluntad, esforzándose por vivir la libertad que es, al mismo tiempo, don y conquista.
  • A ser cristianos, configurándose según la imagen de Cristo, nuestro hermano mayor. Esto significa que hemos sido llamados:
    • A vivir la santidad, esto es, a vivir en comunión con Dios.
    • A vivir en comunión y cooperación con la familia de los hijos de Dios en la Iglesia, trabajando todos para que el mundo sepa que Cristo es el enviado del Padre.
  • A descubrir la vocación cristiana específica con que Dios nos llama a colaborar con el Reino. La mayor parte de los bautizados está llamada a trabajar como laicos animando las realidades temporales, iluminándolas y ordenándolas según Jesucristo: «lo que el alma es en el cuerpo, esto han de ser los cristianos en el mundo».
  • Al apostolado, esto es, a propagar con mayor dedicación el Reino de Cristo por toda la tierra, siendo testigos de su Evangelio.
  • Al amor, que es la vocación fundamental e innata de todo ser humano. El Maestro nos enseñó que el amor se traduce en el servicio incondicional a los demás, y no sólo lo dijo, sino que también lo hizo, “…y habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo.” (Jn 13)
  • Finalmente, todos hemos sido llamados a gozar eternamente con Dios en la vida eterna y, mientras nos afanamos por hacer de este mundo el lugar para una convivencia más humana y más cristiana, no debemos olvidar que sólo vamos de paso hacia la casa del Padre.

El Movimiento Serra Internacional es un grupo apostólico organizado de la Iglesia -que está integrado por laicos- y cuyos objetivos son:

  • Impulsar el trabajo por el Reino de Cristo animando y disponiendo a sus miembros -unidos entre sí en fraternal amistad, por medio de una constante formación y el cultivo de su espiritualidad- para que cumplan con su propia vocación cristiana de servicio.
  • Como una forma especial de esta vocación de servicio a la Iglesia, trabajar por promover a todos los niveles la conciencia de los múltiples llamados que Dios hace al hombre, muy especialmente apoyando las vocaciones al sacerdocio ministerial y desarrollando un mayor aprecio por todas las vocaciones a la vida consagrada.

El Movimiento Serra recibió su impulso inicial en el otoño/invierno de 1934 en Seattle, Washington, cuando cuatro laicos católicos reconocieron la necesidad de una asociación que apoyara la misión de la Iglesia por medio de la formación de los laicos para prepararlos a cumplir con su vocación en el mundo, todo esto en un ambiente de fraternidad cristiana.

El 27 de Febrero de 1935 se funda el Club Serra de Seattle, y en Junio de ese mismo año el objetivo citado en el párrafo anterior se amplía para incluir –como algo muy específico- una labor de apoyo a las vocaciones al sacerdocio.

Su nombre proviene de Fray Junípero Serra, el notable misionero franciscano del siglo XVIII que fue beatificado en 1988 y que, tanto en México como en California, tuvo una influencia decisiva en la fundación de un gran número de misiones. Los fundadores escogieron su nombre porque buscaban una figura prominente -verdaderamente católica y santa- que hubiera respondido con generosidad al llamado de Dios, entregándose sin descanso a cumplir la misión encomendada.

El 2 de Julio de 1938 se decidió la formación de Serra Internacional, la cual es en la actualidad una asociación voluntaria de los más de 700 clubes que existen en 35 países alrededor del mundo, con una cantidad superior a los 22,000 miembros.

El 6 de mayo de 1951, Serra Internacional fue agregada por el Papa Pío XII a la Obra Pontificia para las Vocaciones Sacerdotales.

El Movimiento llegó a nuestro País el 9 de Junio de 1956, fecha en que se fundó el Club Serra de la ciudad de México. A la fecha existen 40 clubes ubicados en las ciudades más importantes de la República Mexicana; los clubes se han asociado para formar el Consejo Nacional Serra México, cuyo objetivo fundamental es reforzar y revitalizar la presencia del Movimiento Serra Internacional en México.

Serra de Monterrey se fundó el 9 de Junio de 1966, y desde entonces trabajamos en estrecha colaboración con el Centro Vocacional. El campo de Serra son las vocaciones:

«Serra ora y labora por las vocaciones».

 

 
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